Una clara conciencia que dictamina, ella lo ve claro en todo momento, no hay nada que la ofusque o distraiga. Sabe lo qué hay que hacer y se pronuncia de una forma elocuente, pero invisible para los miopes ojos ajenos; inaudible, para la ruidosa ciudad y sus chismes. Plancton en el Océano. Sin embargo tú...¿La oyes, verdad? ¡Sabes que está! ¡Ah, es cierto! Tan sólo no la escuchabas. Aunque en muchas ocasiones lo has intentado, ¿no? ¿Qué pasó entonces? Fue la materia otra vez.¡Ella era la irreverente! Tan sucumbida por los encantos de la vida y la humanidad no podía llevar a cabo lo esencialmente natural de su pensamiento, lo más cercano a la perfecta armonía entre el cosmos y el ser. Eso que absorbía, pero no filtraba. ¡Maldita sea, venció otra vez! Lo peor es saber qué pudiste evitarlo. Entonces esa tenue y suave voz se convierte en un chillo de incontenible histeria. Por último, se produce la nada,el vacío, un agujero negro, un enorme silencio de lamento y frustración que se escucha hasta brotar de la piel y desbordarse por los ojos.