Cuando no haya nada que decir, nada por hacer aquí,
Adquirirá otra forma, otro aspecto, pero la esencia será la misma.
Y viajará por las corrientes del viento,
Viajará por los surcos de la tierra
Cruzando el mar y se posará en el fuego para volver a ser ceniza. Y se la verá volátil y ligera, sin cargas, sin excesos cruzando libre el horizonte. Alejándose del magma y del olor a queroseno.
Allí se detendrá unos instantes, en el horizonte de su pasado y su futuro acompañada por los armoniosos acordes del silencio. Más elocuentes y vivos que nunca.
Dispuesta a asumir que dejará atrás todo lo visto y escuchado durante su fugaz existencia, todo menos aquello que trascendió a lo percibido por lo sentidos. Eso que habló el alma y no la voz, eso que traspasó a la piel y excedió los límites físicos, lo inmanente de su ser.
Entonces la energía volverá a la energía para adquirir una nueva forma con una eterna esencia.
Sé que arderá antes de consumirse. Sé que planeará con la misma sensación de paz y protección que tiene un niño en el vientre de su madre.
Fue la Verdad quien la hizo libre.
